En 1532 fue descubierto un archipiélago en el océano Pacífico, formado por un islote y tres islas. Al conjunto de islas se le llamó «Magdalenas».  Más tarde al islote se le dio el nombre de «San Juanito» y a las islas «María Madre», «María Magdalena» y «María Cleofas», haciendo referencia, desde luego, a quienes estuvieron acompañando en el Calvario a Jesucristo crucificado (cfr. Jn 19, 25-26). Y desde entonces al archipiélago se le llama «Islas Marías».

Pertenece al estado de Nayarit, y en enero de 1905 el presidente Porfirio Díaz lo destinó a albergar una colonia penal. Se pensó únicamente para los delincuentes más peligrosos bajo un sistema «a prueba de fugas»: sin rejas pero rodeados por el mar infestado de tiburones, y a donde las embarcaciones tenían prohibido acercarse.

Gracias al sistema de colonia, los reclusos pudieron llevar una vida mucho más armónica que la que hubieran tenido en una cárcel común, y, ayudándose de  tareas productivas para su sostenimiento (agricultura, ganadería, panadería, carpintería, ladrilleras, salinas, etc.), alcanzar la reinserción social.

Durante la persecución religiosa que dio origen a la Guerra Cristera el gobierno castigó a católicos recluyéndolos en la isla «María Madre» como si fueran peligrosos criminales; entre ellos a Concepción Acevedo de la Llata, la «Madre Conchita», religiosa queretana acusada en un juicio irregular de ser la supuesta autora intelectual del asesinato de Álvaro Obregón, y se le condeno a 20 años de prisión en las Islas Marías, a donde llegó en 1929, siendo liberada en 1940.

Más tarde algunos líderes que habían incitado a rebeliones fueron recluidos por el gobierno en la colonia penal federal; entre ellos el duranguense José Revueltas, miembro del Partido Mexicano Comunista, quien estuvo preso ahí dos veces: cuatro meses en 1932 y nueve meses en 1934, estancias que lo llevaron a idear su primera novela, «Los muros de agua», que publicó en 1941.

Revueltas fue liberado con la llegada de Lázaro Cárdenas del Río a la presidencia de México; este último decretó el 30 de diciembre de 1939 que en  la colonia penal de las Islas Marías las familias de los presos ya pudieran vivir con ellos. Para la seguridad de las familias se prohibió la recepción de delincuentes sexuales y psicópatas.

En la isla «María Madre», a cada familia la administración de la colonia le proporcionaba una casa. Además, había un muelle y un almacén, e igualmente se construyó un hospital, escuelas, biblioteca, templo y luego hasta cine y un pequeño aeropuerto.

En 2005, dados los graves problemas de sobrepoblación en las cárceles de México, las autoridades federales iniciaron un plan para llevar a más reos a las Islas Marías, pero esta vez no acompañados de sus familiares.  De este modo hubo hasta 3 mil reos, ya no en una casa y moviéndose libremente por toda la isla, sino recluidos en uno de cinco Centros Penitenciales de Readaptación Social (CEFERESO): Rehilete, Aserradero, Morelos, Laguna del Toro, Bugambilias.

En 2010 las Islas Marías fueron declaradas por la UNESCO como «reserva de la biosfera».

El actual gobierno federal cumplió con el decreto donde  los penales de las Islas Marías desaparecen para convertir el archipiélago en un centro turístico y cultural, para jóvenes. El penal fue cerrado el pasado 8 de marzo. De los 652 reos que se encontraban en Islas Marías, 584 fueron trasladados para reubicarlos en otros centros de reclusión federales en diversos puntos del país. El resto obtuvo su libertad.

TEMA DE LA SEMANA: ISLAS MARÍAS: EL EVANGELIO TRAS LOS “MUROS DE AGUA”

Publicado en la edición impresa de El Observador del 17 de marzo de 2019 No.1236