Por Sergio Ibarra

La proliferación de la violencia, la delincuencia y la transa han propiciado un contexto social donde las personas se han aislado cada vez más y, sin querer queriendo, se ha deteriorado la cohesión social.

Samuel Huntington afirmó que el mundo estaba entrando a un «choque civilizacional», en el cual la identificación primaria del hombre no sería ideológica, como durante la Guerra Fría, sino cultural. Por tanto, los conflictos no surgirán por las diferencias entre el socialismo y el liberalismo, sino en las diferencias culturales, como sucede en Siria o con Israel y sus vecinos, o como lo mostrado en la película Roma de nuestra sociedad.

¿Qué ha venido sucediendo en la sociedad postindustrial?

Un valor esencial para la convivencia y para el desarrollo social y económico, está en una franca decadencia: la confianza. Considerando que todo ser humano busca que otros seres humanos reconozcan su dignidad, hay cada vez más indignados. Desafortunadamente hay una premisa que tal parece se afirma una y otras vez: tanto tienes, tanto vales. Para tener una sociedad que progrese, se necesita que sus miembros desarrollen la capacidad de asociarse. Se tienen que tener normas y valores compartidos y subordinar intereses individuales a los más amplios del grupo, trátese de una empresa o de una institución gubernamental o un sindicato.

¿De qué sirven tantas leyes para evitar actos indebidos en las transacciones económicas, si el mal está ganando al bien con la pérdida de confianza entre personas y entre grupos?

La confiabilidad se conquista cuando existe reciprocidad y se honran las obligaciones morales y la palabra. Entonces los miembros de la sociedad se unen, se comprenden y se toleran, reconociendo las diferencias entre grupos e inclusive las fallas, pero no por ello los enemigos. Hoy observamos líderes políticos que apuestan a que la confianza no existe: o lo quieres o eres su enemigo.

La historia muestra que, en la medida en que los miembros de las sociedades confiaron unos en los otros, hubo progreso; y viceversa, cuando se perdió cayeron imperios enteros o desaparecieron naciones. Cumplamos al otro, hay que atesorar la confianza entre nosotros, evitar que se desate un choque cultural de ninis vs fifís o algo semejante.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 3 de marzo de 2019 No.1234