En México, el Segundo Imperio dividió al país; mas ahora prácticamente no quedan nostálgicos que defiendan el régimen de Maximiliano, y aunque sí existen núcleos intelectuales que valoran justamente la causa conservadora, casi no se ha avanzado en la necesaria revaloración del bando tildado por los vencedores como «traidor».

El imperio de Maximiliano estuvo condenado al fracaso desde su nacimiento. Francia se había comprometido a sostener el trono de Maximiliano con al menos 25 mil soldados por un periodo mínimo de seis años, y que ese contingente se iría reduciendo al irse consolidando un ejército imperial mexicano. Sin embargo, los franceses en México impidieron a Maximiliano la formación de un ejército propio. Los conservadores mexicanos, que eran quienes podían desear ponerse a las órdenes del nuevo emperador, eran tratados con desprecio por los franceses, se les humillaba, su experiencia y conocimientos no eran tomados en cuenta y en algunos casos, como ocurrió con los generales Miramón y Márquez, se les alejó del país para que no estorbaran.

Por su parte, Maximiliano se dedicó a ofender a los conservadores y a tratar de lucirse como un estadista más liberal que el mismísimo Juárez.

Como los liberales radicales no se dejaron seducir por la política de Maximiliano y Carlota, y los conservadores se vieron arrojados de los círculos del poder, el propio emperador desalentó a los mexicanos a incorporarse en un virtual ejército imperial. Y el desastre se cernió cuando Napoleón III de Francia ordenó a sus ejércitos abandonar México debido a la cuota política y económica que implicaba la ocupación militar sobre México, y a que ya se veía Francia amenazada por la próxima invasión prusiana.

Finalmente, Estados Unidos, al concluir su guerra civil, dejó claro a los gobiernos de Francia y Austria que no reconocería al gobierno de Maximiliano ni consentiría por más tiempo la presencia de tropas europeas en América.

Con la retirada francesa, que se llevó todo el equipo militar que pudo y destruyó lo que no era posible transportar, Maximiliano se encontró sostenido por un pequeñísimo ejército mexicano conservador casi desprovisto de armas, parque y dinero, apoyado por unos cuantos voluntarios extranjeros que resolvieron quedarse.

Terminada la intervención francesa, la última parte de la historia del Segundo Imperio fue entonces protagonizada por mexicanos. Creció entonces la figura de los generales conservadores Miramón, Mejía y Márquez.

Los republicanos, por su parte, al contar con la creciente ayuda militar de Estados Unidos, pudieron formar grandes ejércitos, bien armados y pertrechados. Así se invirtieron los papeles, y el papel de ejército minoritario y pobre pasó del lado republicano al imperialista cuando Maximiliano y los restos de su imperio tomaron el camino hacia Querétaro, para intentar una última resistencia.

D. A. G. B.

TEMA DE LA SEMANA: EL JUICIO DE MAXIMILIANO, EL OTRO LADO DE LA HISTORIA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 16 de junio de 2019 No.1249