Podemos estar sumidos en la desesperación de los pasillos de un hospital, con el sufrimiento de nuestros enfermos, con la agonía de la muerte tocando a nuestras espaldas y con las esperanzas pérdidas, pero justo en medio de las tinieblas, donde pareciera que todo desfallece y el dolor nos alcanza, justo allí se encuentra Dios.

Por Mary Velázquez Dorantes

Cuando creemos que todo es oscuridad, cuando el olvido y la angustia nos han tomado presos, justo allí, en medio de la tristeza y la desesperación está nuestro Padre Celestial, esperando que nos abandonemos en su corazón inmaculado y le entreguemos el dolor y la enfermedad personal, la de nuestros familiares, la de nuestros amigos y conocidos, como el médico de cabecera que en medio de la oración espera paciente le llevemos todo aquello que nos agobia.

EL DOLOR ENTREGADO

Muchas personas en el mundo están pasando por el dolor que la enfermedad produce, por el desánimo de la enfermedad física y la del alma; el mundo está sufriendo de crisis sanitarias en las que el hombre se siente en abandono, desolación y olvido. Sin embargo, en ese dolor se encuentra Dios como única guía de amparo, compasión y sostén.

Por ello es necesario que entreguemos el dolor en las manos de nuestro Padre a través de la oración de contemplación y el dialogo constante con él; cuando el dolor se entrega, la espera y el proceso son ligeros, porque sucede la ayuda divina.

Dios se manifiesta de múltiples formas en la enfermedad, quizás con la mirada compasiva de quienes asisten a los enfermos, con la valoración profesional y adecuada de los médicos, con la presencia del sacerdote que visita a nuestros enfermos, en éstos actos cotidianos y que quizás pasan por invisibles, pero que es donde sucede el milagro divino. Entregar nuestro dolor, nuestra enfermedad en las manos de Cristo es la puerta clave.

LA ORACIÓN POR LA ASISTENCIA

Dios habla a través de la enfermedad, quiere quizás que nos encontremos con Él por esta vía, y también nos habla a través de todas las personas que asisten a los enfermos, los médicos, las enfermeras, los cuidadores, los familiares, y ellos, que son el canal de comunicación con Él, también requieren de nuestra oración, porque también enfrentan sus batallas personales.

Hoy más que nunca se requiere de un camino de oración por el personal que asiste a nuestros enfermos, porque ellos son instrumentos de acción de Dios. Ponerlos en sus manos, a través de una oración de gratitud y de penitencia ayudará a muchas comunidades enfermas a salir adelante. No debemos tener miedo de orar por todo el personal sanitario, gracias a ellos Dios libera talentos que nos conducen a la salud.

LA PRESENCIA MARIANA

En la enfermedad sólo Dios basta, sin embargo, tiene una asistencia pronta y oportuna, su madre María, la mejor enfermera que nos puede haber heredado al pie de la cruz. Cuando la enfermedad nos azota, vienen una serie de efectos colaterales con ella, pero no podemos rendirnos porque tenemos una intercesora amorosa. La madre de Dios es el medio indicado para hacer llegar nuestras penas, angustias y dolores.

A través de ella nuestro Dios opera, porque ella se encarga de entregar todos los mensajes que tenemos y es entonces cuando el Creador responde con su compasión y misericordia activa.

Quizás estamos en medio de la noche, todos se han ido a descansar, y creemos que estamos solos, pues nada más contrario, porque María vigila las veinticuatro horas, los siete días, por lo tanto, ella está junto a nosotros en medio del dolor, ella limpia nuestras heridas y se las entrega a su hijo. Así que recuerda: es importante acudir a ella cuando llegue el desánimo y el abandono.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 2 de mayo de 2021 No. 1347