Si bien el primero en predicar la salvación en Cristo a los indígenas fue el propio Hernán Cortés, seguido por fray Bartolomé de Olmedo, un mercedario que acompañaba la expedición de Cortés; y que luego llegarían desde Bélgica los franciscanos fray Juan de Aora, fray y Juan de Tecto y fray Pedro de Gante, “ni estos primeros franciscanos, ni los primitivos capellanes del ejército español —escribe José Gutiérrez Casillas en su libro Historia de la Iglesia en México—, puede decirse que fueron en pleno sentido de la palabra los fundadores de la Iglesia mexicana. Tal honor cupo a la misión de doce frailes enviados por el Papa Adriano VI”.

Llegados a san Juan de Ulúa el 13 de mayo de 1524, ellos fueron:

1 Fray Martín de Valencia, cabeza de la misión y la primera autoridad eclesiástica en México.

 2 Fray Francisco de Soto.

 3 Fray Martín de la Coruña.

 4 Fray Toribio de Benavente, apodado “Motolinía”.

 5 Fray Luis de Fuensalida.

 6 Fray Antonio de Ciudad Rodrigo.

 7 Fray Juan Suárez.

 8 Fray García de Cisneros.

 9 Fray Francisco Jiménez.

 10 Fray Juan de Ribas.

 11 Fray Juan de Palos.

 12 Fray Andrés de Córdoba.

El celo misionero en el “Nuevo Mundo”

Coinciden los historiadores modernos en que los franciscanos del siglo XVI, en concordancia con el ideal de san Francisco de Asís, deseaban recuperar los ideales del cristianismo primitivo con los indígenas del “Nuevo Mundo”.

Además, que, movidos por la profecía del milenarismo, señalada en el último libro de la Biblia, y sabiendo que “nadie sabe el día ni la hora” del establecimiento del Reinado de Dios (cfr. Mt 24, 36), la Orden de los Frailes Menores llegó a América con la intención de salvar al mayor número de almas, cumpliendo así con la apremiante tarea que Cristo le encomendó a su Iglesia (cfr. Mt 28, 19-20).

El antropólogo francés Guy Stresser-Péan, en su libro El sol-dios y Cristo. La cristianización de los indios en México vista desde la Sierra de Puebla, lo explica así:

“La obra esencial, el fin único que buscaban estos religiosos, era evangelizar a los indios para crear un mundo cristiano ideal y así preparar el Millenium, que antecede al reino de Dios”.

Miguel Ángel Segundo, en su artículo El descubrimiento de América en la última hora del mundo: la hermenéutica franciscana, remata así: “Mientras que en la vieja Europa se partía el cristianismo y cundía la herejía, América era una Esperanza”.

TEMA DE LA SEMANA: LA VISIÓN FRANCISCANA DEL NUEVO MUNDO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 3 de octubre de 2021 No. 1369