PREGUNTA DE NIÑOS

Todos, como niños, nos hemos portado mal alguna que otra vez, ya sea en casa, en la escuela, en el templo o donde sea; y, por lo mismo, seguramente mamá o papá nos han reprendido o dado algún tipo de castigo.

Aunque suban mucho la voz y se vean muy pero muy enojados, no nos odian, sino que nos aman, y es por eso que nos han tratado de corregir.

Cuando nos ordenan: “Recoge lo que tiraste”, “Deja de pegarle a tu hermano”, “Hoy no vas a salir a jugar porque no has hecho la tarea”, etcétera, lo único que buscan es que nos volvamos responsables y respetuosos; o sea, que nos convirtamos en buenas personas.

Pues con Dios es igual. La Biblia habla numerosas veces del castigo de Dios, y hay quienes se asustan porque confunden “castigo” con “venganza”, y entonces dicen que, como Dios es Bueno, entonces no puede castigar a nadie.

Al contrario, porque Dios es Bueno, cuando ve que lo necesitamos nos corrige para que nos alejemos del pecado y caminemos hacia la santidad:

“Mas, al ser castigados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (I Corintios 11, 32). “Porque el Señor corrige al que ama y castiga a todo aquel que recibe por hijo. Si ustedes tienen que sufrir es para su corrección” (Hebreos 12, 6-7).

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 30 de octubre de 2022 No. 1425

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