Todos hemos escuchado en alguna ocasión historias sobre fantasmas, las creíamos totalmente cuando éramos niños, porque nuestra fantasiosa imaginación permitía aceptar fácilmente tanto fantasmas, como duendes y seres fantásticos. Pero cuando llegamos a la edad adulta, ¿qué pensar sobre este tema?, ¿tiene la Iglesia una postura sobre los fantasmas?

Por P. José de Jesús Aguilar / Desde la fe

¿Qué son los fantasmas? 

La palabra “fantasma” deriva de un verbo griego que significa aparecer” o “mostrarse. Por lo tanto, se refiere a fenómenos “extraños” que especialmente nuestros sentidos de la vista, el oído y el tacto perciben como apariciones, sonidos o tocamientos. Este tipo de cosas, al no analizarse o comprenderse pueden provocar reacciones muy traumáticas en quienes las experimentan. Es por ello que siempre debe existir una investigación minuciosa empezando por buscar las causas naturales que pueden haber dado lugar al incidente.

A menudo llegan a la parroquia personas que supuestamente han visto cosas o escuchado ruidos raros, pero resulta que, por lo regular, dichas situaciones son provocadas por elementos totalmente cotidianos, como pueden ser el viento, las tuberías del agua, la vibración de ventanas o de adornos por efecto del tráfico callejero o ruidos de animales.

Por otra parte, la ciencia ha dado grandes pasos para encontrar explicaciones a algunos de estos fenómenos que otras veces son ocasionados por la propia fuerza de la mente.

No obstante, hay que precisar que en muchos casos no se trata de faltas percepciones sino de fenómenos reales dignos de ser investigados.

¿Qué dice la Iglesia sobre los fantasmas?

Para ayudar un poco a esta reflexión podemos iniciar tomando en cuenta lo que nos dice la Sagrada Escritura:

El Evangelio de San Mateo (14, 26), en el texto que narra el momento en el que Jesús camina sobre el agua, podemos descubrir que la idea de los fantasmas estaba presente en la cultura judía y en los apóstoles. El texto citado permite comprender que la idea de un fantasma correspondía a la visión o aparición de una persona que no estaba sujeta a las leyes de la naturaleza y que no tenía un cuerpo real, por lo que los apóstoles confunden a Jesús con un fantasma; sin embargo, cuando reconocen al Maestro, se le quita todo temor con su presencia. Es claro que, en gran parte, el miedo que las personas pueden tener ante los fantasmas es causado por el desconocimiento de su origen, identidad e intención. Es por ello que cuando la gente siente que tiene una visión o experimenta la presencia de un fantasma se pregunta ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué se me aparece?

Un fantasma no tiene cuerpo

Otro texto del Evangelio nos ayuda a comprender que la descripción de un fantasma es la de una visión o aparición que no tiene cuerpo. El Evangelio de San Lucas (24, 37-39) nos narra el momento en que Jesucristo se aparece a sus discípulos: “Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un fantasma (espíritu). Pero Jesús les dijo: ‘¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo”.

Una misión especial

El Evangelio de San Lucas (9, 28-36) también nos menciona que en el momento de la Transfiguración de Cristo, se aparecen Moisés y el profeta Elías, ante Cristo y los apóstoles. Moisés y el profeta Elías habían vivido hacía muchos años, pero se aparecen para atestiguar que Jesús es el Hijo de Dios. No son fantasmas que se aparecen para asustar sino para dar un testimonio en nombre de Dios. Tienen una misión especial. Por otra parte, su apariencia es tan real que San Pedro decide construirles una habitación. Esto podría llevarnos a pensar que Dios, con el deseo de ayudar a comprender su revelación, puede permitir a algunos de sus hijos, que ya han muerto al mundo, manifestarse temporalmente como lo hizo con Moisés y Elías.

Al servicio de Dios

El Evangelio de San Mateo (27, 51-53) también nos ofrece otro testimonio que nos habla de cómo Dios permite a algunos muertos presentarse ante el pueblo para dar testimonio de su poder. Mateo: “La tierra tembló, las rocas se partieron y los sepulcros se abrieron; y hasta muchos hombres de Dios, que habían muerto, volvieron a la vida. Entonces salieron de sus tumbas, después de la resurrección de Jesús, y entraron en la santa ciudad de Jerusalén, donde mucha gente los vio”. En este caso se trata de muertos que han resucitado y se presentan ante el pueblo para anunciar que la resurrección de Cristo los ha liberado de la muerte, pero su aparición es sólo temporal y al servicio de Dios, después continúan viviendo en la presencia de Dios, en su reino definitivo.

¿Fantasmas vengadores?, ¿qué dice la Iglesia?

Es muy común escuchar que los fantasmas son espíritus que no tienen paz, que están bajo alguna forma de tormento, generalmente confinados al lugar o casa donde sufrieron o murieron. Las historias corrientes de fantasmas se centran en el deseo de ver su muerte vengada, pues se dice que el espíritu no puede descansar hasta que el crimen sea castigado.

Hay también quienes opinan que los sufrimientos de una persona le hacen producir cierta energía que permanece en el lugar del sufrimiento y produce fenómenos paranormales, pero en realidad no se trata de la persona, algo así como el eco que guardan ciertos edificios después de que las personas se han ido del lugar.

Pero desde el punto de vista de la Sagrada Escritura, el espíritu de una persona recibe un juicio personal y su consecuente resultado. Por otra parte, el deseo de venganza personal, ejemplificado por esas “apariciones” no le está permitido a alguien que desee seguir al Señor: “No busquen la venganza ustedes mismos, amados míos, dejen  más bien lugar a la justicia de Dios”(Romanos 12:19)

También importante pensar que el demonio, con el deseo de engañar y apartar a las personas de Dios, puede manifestarse bajo diversas apariencias o visiones fantasmales. La presencia del demonio en forma de un fantasma nos puede hacer dudar de la resurrección y de la misericordia que Dios tiene para con los difuntos. Especialmente nos puede llevar a la idea falsa de que la muerte tiene más poder que el mismo Dios. Por eso, ante visiones o apariciones de este tipo estamos obligados a solicitar la ayuda de Dios, para que con el poder divino podamos alejar al demonio de cualquier sitio.

Casos excepcionales para la Iglesia

Para la Iglesia Católica existen tres realidades más allá de esta vida: el cielo, que designa nuestra presencia en la eternidad con Dios; el purgatorio, que designa la etapa de purificación de pecados que necesita una persona que vivió en gracia de Dios y, finalmente, el infierno, que designa la separación total y definitiva de Dios. Si el purgatorio es una realidad transitoria, tanto el cielo como el infierno son realidades definitivas.

De acuerdo a esta enseñanza de la Iglesia, los difuntos no pueden permanecer vagando en el mundo como fantasmas. En todo caso, quienes están en el purgatorio o en el cielo podrían recibir una misión concreta de Dios para presentarse en el mundo y dar un mensaje, pero esto entraría dentro de lo extraordinario y seguramente valdría la pena estudiarlo con toda la seriedad que el caso requiere.

 

Publicado en Desde la fe


 

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