Enrique Rojas Montes es un médico español y catedrático. Sus trabajos de investigación se centran en dos temas: las depresiones y la ansiedad. Sus ensayos han abordado la sexualidad, las crisis conyugales y la voluntad. Es autor de varios libros de autoayuda, ensayos, artículos periodísticos y otros textos. En entrevista para El Observador nos habla de la derrota, las metas reales, lo fundamental de la vida y otros aspectos básicos para reponerse de las adversidades que la vida nos presenta

Por Jaime Septién

Hablemos de un tema que me resulta realmente interesante, el cual es que en las redes sociales no hay identidad, es decir, es tan sencillo borrar al otro de las mismas y esa falsa identidad hace que se nuble la capacidad de saber cuáles son las metas.

▶ Nos encontramos en una sociedad con los grandes avances técnicos y con una desorientación aún más enorme, donde, al sentir esta desorientación, no conoces el rumbo hacia dónde quieres dirigirte –el texto y el contexto-; esto produce una sociedad donde hay muchísima gente perdida de lo fundamental, encontrándose a la depresión a la vuelta de la esquina.

¿La hermenéutica habla del texto, el contexto y el sentido?

▶ Claro, el sentido de la vida tiene que ver hacia donde me dirijo, de donde vengo, a donde voy, cuál es el sentido del sufrimiento, cómo se superan las adversidades. En mi libro No te rindas hablo un poco de esto, es decir, no rendirse es ser capaz de superar cualquiera de las adversidades que en cualquier vida nos pueden ocurrir, ya sean económicas o psicológicas y tener esos resortes para afrontar lo que venga, aunque es esencial tener una estructura psicológica sólida.

Pascal decía: «… condición del hombre, inconsistencia, tedio y actitud» ¿Qué opina usted?

▶ Pascal también decía que el corazón tiene razones que la razón desconoce. Entonces la inconsistencia es no tener firmeza en los objetivos. Yo lo digo de otra manera, donde la felicidad consiste en tener un proyecto de vida, que sea coherente y realista con cuatro grandes temas dentro, los cuales son: el amor, trabajo, cultura y amistad, siendo el amor el principal argumento, mientras que el trabajo es el edificio de nuestra persona, la cultura es la libertad, por lo que la amistad es el bálsamo de la realidad. Los hijos viene impuestos por la genética; la amistad la elegimos.

Usted decía: la clave de la felicidad es buena salud y mala memoria.

▶ Estar bien físicamente y al mismo tiempo tener la capacidad para no recordar los sinsabores que a todos nos han ocurrido, tener un poco de alzheimer de la vida personal.

¿Por qué cree que le tengamos miedo a la felicidad?

▶ ¿En dónde está la felicidad? Es una de las grandes peguntas que se ha hecho en todo el pensamiento antiguo y que sigue latente en el pensamiento reciente; creo que la misma se encuentra en la interpretación positiva de tu realidad personal.

Los domingos me dispongo a hacer deporte en un sitio donde me tomo un café y tomó algo sólido. El señor que atiende el lugar a donde voy se llama Isidro, un señor de 50 años, de complexión robusta y muy simpático, que está siempre cantando y me dice: –Yo estoy feliz trabajando en este bar y me encanta mi trabajo. Por lo que la felicidad es la interpretación positiva de la realidad personal; desde luego que se pueden presentar adversidades que quiten de ella, pero es una forma positiva de ver. Hay una corriente americana que se llama la psicología positiva, cuyo padre es Martin Seligman, quien dice que es la capacidad para captar el ángulo mejor de tu realidad.

Por lo tanto, lo mejor para ser feliz es que la vida tenga un sentido y eso significa que debe tener un programa donde los grandes temas se articulan, pero tampoco pedirle a la vida lo que no pueda. La felicidad absoluta es una utopía, es una entelequia, es decir, no existe.

Hoy, para la psicología moderna, la felicidad queda reducida a nivel de vida, bienestar, economía y salud; pero eso, siendo mucho, es poco; porque yo he encontrado gente que sin economía, sin salud y sin bienestar ha sido realmente feliz. Pero también conozco a gente que tiene todo eso y no es feliz. Un claro ejemplo es la hija de Onassis, Christina Onassis, que tuvo varios intentos de suicidio. Su padre tenía un barco que tenía 701 metros de eslora, trabajan 60 personas en el barco y uno de los marineros del barco escribió un pequeño opúsculo en el barco que decía: «Yo soy más feliz que el dueño del barco», siendo uno de los que suben en el barco las velas, por lo que tener una buena economía es importante, pero no es la felicidad total, la felicidad tiene un desarrollo personal.

La felicidad: hacer algo que merezca la pena con la propia vida, algo grande cada uno según sus puntos de partida.

En relación a la recomendación que usted hace para la depresión que es la lectura, don Pedro Laín Entralgo habla de los tres momentos de la lectura, que son: cuando uno lee para ser uno mismo, para ser de otro modo y para ser más.

▶ Yo digo que un buen libro y una buena música hacen que uno se sumerja. Sin embargo, ahora cuesta mucho tener una buena lectura y comprensión debido al impacto de la imagen, pues en todos lados, al presionar un botón, aparece una imagen. En cambio, la lectura necesita una tarea ascética.

Hay un tema sumamente importante en esta sociedad, que tiene que ver con el famoso libro Las virtudes del fracaso, un libro de Charles Pépin

▶ Hace unos días que saqué un artículo en ABC, en la página más leída del periódico ABC Madrid, que se llamaba «La importancia de las derrotas». Lo que te ayuda a crecer como persona son los fracasos, si sabes aprender lecciones de ellos; el fracaso, afectivo, profesional y educativo. Si llegas a tiempo, eso es fundamental. A mí me gustan los perdedores que han sabido asumir su derrota y empiezan de nuevo.

Soy muy partidario de que a una persona que le hayan pasado cosas importantes en su vida sea capaz de restablecerse, de reedificarse de las ruinas. Curiosamente, he comprado el libro, aun no me ha dado tiempo de abrirlo pero he visto el índice, pero me parece importante y desde luego que va en esa línea.

Entrevista completa:

Publicado en la edición impresa de El Observador del 5 de enero de 2020 No.1278