Por Mary Velázquez Dorantes

En la medida que aprendemos a amarnos vamos a tener mejores posibilidades de entablar relaciones sanas y no destructivas con los demás

Mucho se nos dice sobre el hecho de amarnos a nosotros mismos, pero qué tan conscientes somos de querernos y aceptarnos tal y como somos.

La vida de un ser humano camina de la mano del amor que éste aprende a cultivar sobre sí mismo, y es el ingrediente principal para el desempeño de las actitudes y aptitudes del hombre.

UN AMOR QUE AVIVE EL ALMA

El amor propio es tan necesario como para darle la energía necesaria al alma. Las personas debemos aprender a desarrollar un amor propio que permita identificar qué elementos internos nos hacen únicos, al mismo tiempo de saber cuáles elementos externos nos pueden dañar profundamente.

El ser humano precisa de un amor que se cristalice en actitudes positivas para consigo mismo, en componentes cognitivos que le den información clara de quién es, y de grandes dosis de afectividad que ayuden a valorar las habilidades y defectos de la persona. Para que el alma no se encuentre triste es necesario aprender a cuidar nuestra autoestima, evitar los juicios negativos sobre nuestras debilidades y fortalecer lo que se puede convertir en una amenaza.

La autoestima suele estar asociada siempre a lo positivo; sin embargo, para aprender a tener un amor propio fuerte y consolidado es necesario mirar fijamente aquello que nos puede abatir, provocar tristeza o generar desánimo. Es importante aprender a conocernos con los factores positivos y con los negativos, ello nos ayudará a ser más fuertes psicológicamente y espiritualmente.

LA ADAPTACIÓN COMO ESTRATEGIA

Nos han vendido la idea de una vida cómoda y sin problemas a su alrededor, no obstante la mejor forma de amarnos a nosotros mismos es desarrollando un sistema adaptativo, donde nuestros valores, creencias e ideas sean coherentes con nuestros hechos, aprendiendo del entorno que nos rodea y haciéndonos más fuertes que éste.

Adaptarnos nos ayudará a saber intercambiar información con los otros, a desarrollar compromisos con las personas que nos rodean y establecer las prioridades que nuestro ser requiere para vivir plenos con nosotros mismos; nuestra estructura interna tiene que saber reconocer que la percepción que nosotros tenemos de nosotros mismos en algunas ocasiones se enfrenta con el ego, o que, a pesar de las ideas personales, tenemos que distinguir entre el yo y los otros.

Los seres humanos somos multifacéticos y esta característica es la que nos ayudará a ir resolviendo la adaptabilidad a fin de reconocer para qué somos buenos, qué nos gusta y qué no, y cómo es que construimos nuestros propios referentes.

¿QUIÉN SOY?, LA CLAVE

Explicarnos y entender quiénes somos ha sido un tema de evolución e incluso filosófico, pero algo que ha quedado claro en la historia de la humanidad es que la búsqueda de quiénes somos nos ayuda a entender nuestra personalidad, nuestro temperamento, la crítica aguda que a veces tenemos sobre nosotros, las aspiraciones reales y las irreales; se trata de una búsqueda alimentada por el respeto al ser humano, a la dignidad de la persona, a la auto aceptación, mismas que ayudarán a una mejor salud mental, a la realización de las metas, a la cooperación con nuestra comunidad.

En la medida que aprendemos a amarnos vamos a tener mejores posibilidades de entablar relaciones sanas y no destructivas con los demás, dejaremos de ser extraños de nosotros mismos, y transformaremos nuestra confianza y respeto hacia nuestro ser.

Tips para aprender amarnos

  • » Examinar nuestros pensamientos sobre sí mismos.
  • » Entender que la búsqueda del amor propio es una experiencia íntima.
  • » Cuestionar qué podemos cambiar y qué no.
  • » Desarrollar el autorespeto y la autoconfianza.
  • » Evitar los juicios negativos sobre nuestra persona.
  • » Decirle adiós a la arrogancia y sobrevaloración de nuestras capacidades.
  • » Aprender a estar en paz con nosotros mismos.
  • » Evitar la malas impresiones propias.
  • » Cambiar y corregir los defectos.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de enero de 2020 No.1281